Antecedentes: La obesidad, una enfermedad crónica.

Desde 1998 la obesidad ha sido clasificada como epidemia global tanto en niños como en adultos. Como es del conocimiento general, la obesidad es una enfermedad multifactorial compleja que está influenciada por la genética, factores ambientales y de comportamiento. Por lo cual es el resultado de un desequilibrio a largo plazo entre la energía obtenida por la ingesta y su gasto, lo que favorece el balance energético positivo (fig.1). Cuando la ingesta de energía excede el gasto, el desequilibrio resultante favorece el aumento de lípidos y su almacenamiento. Ver fig. 1

Fig. 1. Balance Energético Positivo

Prevalencia de la Obesidad

En la última década hemos visto un incremento importante en la comprensión de los mecanismos moleculares que regulan la homeostasis de la energía, los mediadores moleculares de la homeostasis energética en el cerebro y la periferia, y la genética de la obesidad.

Es importante señalar que, el aumento en la prevalencia de la obesidad se produjo en un corto periodo de tiempo, siendo el medio ambiente, la falta de actividad física y las modificaciones en el estilo de vida de las personas determinantes de dicho aumento que el mundo experimenta.

Por lo anterior, una manera conveniente de describir la situación que prevalece es agrupar los procesos potenciales que participan en esta epidemia bajo cuatro grandes grupos como lo señala Claude Bouchard:

  • Entorno construido: Los factores en la construcción del medio ambiente, por ejemplo, sistemas de transporte, falta de aceras, la dependencia del automóvil, la construcción y el diseño que reducen al mínimo la necesidad de caminar.
  • Entorno social: Donde la constante publicidad y la presión para consumir son tales que el medio ambiente mundial se ha convertido en “Propicio a la obesidad.”
  • Comportamiento: El entorno construido y el entorno social, han favorecido la adopción de un comportamiento propicio a la obesidad, a través del consumo de grandes porciones de comida, las dietas altas en grasa, alto consumo de azúcar y muchas horas pasadas viendo la televisión, jugando vídeo juegos, o sentado en la computadora.
  • Biología: En lo que se refiere a la  biología común  del aumento de peso o la obesidad se incluyen la baja tasa metabólica en reposo, bajo efecto térmico de los alimentos, baja velocidad de la oxidación de los lípidos, los altos niveles de actividad de la lipoproteína lipasa del adiposo tejido, bajas tasas de movilización de lípidos, biología anormal de la leptina y otras hormonas, la mala regulación del apetito y saciedad, y bajo potencial oxidativo del músculo esquelético.

Cabe mencionar en relación a la biología que existen numerosos estudios genéticos que han llegado a la conclusión de que no está en nuestro genoma una predisposición latente para lograr el equilibrio de energía positiva durante largos períodos de tiempo. Varias líneas de investigación han mostrado evidencia que apoya  las afirmaciones de que existen diferencias individuales en la predisposición a ganar peso y que la variación genética tiene mucho que ver con el riesgo de convertirse en obesos, en particular el riesgo de la obesidad severa.

Barrientos y Flores en el 2008, señalan que existe la preocupación de que la generación actual tenga una menor longevidad que las anteriores por falta de actividad física y una ingesta dietética no saludable. Como se han mencionado en numerosos sectores de investigadores, las consecuencias de la obesidad en términos de pérdida de la salud y de muerte prematura en etapas productivas de la vida pueden llevar a gastos catastróficos en salud en población no asegurada y a pérdidas económicas, empobreciendo a las familias de quienes padecen esta condición.

Contexto Mundial

Para centrarnos en el contexto mundial, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la diferencia entre padecer sobrepeso u obesidad se basa en la cantidad anormal de grasa acumulada. El índice de masa corporal (IMC) es la base que se utiliza para determinar el grado de sobrepeso en un individuo. El IMC se calcula dividiendo el peso de una persona (kg) entre el cuadrado de su estatura (m) (IMC = Peso (Kg) / Estatura X Estatura (m)). Un IMC ≥ 30 indica obesidad y un IMC ≥ 25 señala sobrepeso (Fig. 2). En algunos casos el diámetro de la cintura o la relación cintura/cadera son mejores indicadores de comorbilidades derivadas de la obesidad que el IMC. Ver fig. 2

Fig. 2. Categorías del Índice de Masa Corporal (IMC) y su relación con el sobrepeso y la obesidad.

Solo como cierre de elementos críticos, hay que mencionar que la acumulación excesiva de grasa conduce a una serie de adaptaciones que afectan el perfil metabólico, así como alteraciones en la estructura y función cardíacas. Se ha observado que el tejido adiposo, en particular el abdominal, afecta la presión sanguínea, los niveles de lípidos en sangre e interfiere con el uso eficiente de la insulina. Es así que la obesidad se asocia a comorbilidades tales como hipertensión sistémica, hipertensión pulmonar, enfermedades cardiovasculares, padecimientos cerebro-vasculares, diabetes tipo 2, hipertensión, algunos tipos de cáncer, desórdenes en el sueño y muerte súbita, entre otras.